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DIBUJOS EN EL AIRE UNA VISIÓN
PARTICULAR
La escultura, en la inmensa variedad de disciplinas
artísticas, tiene unas características
propias muy ligadas al entorno, al contexto espacial.
No está delimitada por un marco, no tiene portada
y contraportada, no comienza a las 6 y termina a las
8… digamos que debe convivir con espacios, líneas,
formas, colores, atmósfera, ..., con un fondo
de lienzo de 360 º sobre nuestro eje visual y que
no siempre es blanco (no es una fotografía de
una escultura, es la escultura) . Es, ante todo, una
presencia, un objeto sin aparente utilidad, un cuerpo
, una representación, un intruso para nuestra
percepción acostumbrada a reconocer las formas
y su función en un abrir y cerrar de ojos. La
obra que presenta Diego Cabezas supera con creces todas
las expectativas de cualquier observador curioso y ávido
de movimiento, sea físico o mental.
Dubuffet decía que el mayor error de nuestro
sistema educativo (el europeo) era el hecho de perseguir
y castigar la contradicción como sinónimo
de pecado académico… que gran verdad, y
la clave de esta serie, a mi entender, se halla en el
contraste, en los máximos y mínimos que
alcanzan un equilibrio nada casual. Diego Cabezas utiliza
esos maximínimos con gran soltura y, hasta me
atrevería a decir, sin pretenderlo, como si fuese
una ley de vida marcada en sus genes. En esta ocasión
se ciñe a dos materiales, hierro y aire. Puro
contraste. Trabaja las formas con sus líneas
básicas, creando planos sin relleno, casi de
la misma forma en que un infográfico plantea
sus objetos tridimensionales desde su ordenador…pero
casi, aquí se trabaja con hierro y soldadura,
un oficio con solera. El espectador es capaz de ver
a través de las formas al tiempo que las reconoce
y las encierra físicamente. Podemos observar,
literalmente, a través de los dibujos (otra buena
contradicción ).
Por otra parte, habría
que echar un vistazo a su cuaderno de artista y comprobar
la extraña y fehaciente correspondencia entre
sus bocetos y sus esculturas. Sus diseños simplificados,
dibujos en 0.4 o 0.8 sobre una cuartilla, línea
negra sobre fondo blanco, tienen la misma esencia, y
en ocasiones, la misma presencia que sus esculturas.
Resulta un tanto misterioso cómo es capaz de
intuir con apenas unas líneas lo que va a funcionar
en grandes dimensiones. Esto me hace sospechar que estamos
ante un artista con una enorme capacidad de visualizar
interiormente un resultado final. Mucha mente y poca
tinta.
ROGELIO FERNÁNDEZ
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